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Cazadores de oro causan estragos en
el Amazonas

La fiebre por el oro, intensificada por la crisis económica mundial, se ha
convertido en la tragedia de la selva amazónica, enfrentada a la
deforestación y a la contaminación del aire y sus fuentes de agua con
toneladas de mercurio tóxico.

A medida que el precio del oro rompe récords internacionalmente al ser
considerado una opción de inversión más segura, la cantidad de mineros
independientes en la provincia peruana de Madre de Dios se ha
expandido a 40.000. Como resultado, el aire se contamina, los árboles
son talados y las grietas que surcan la superficie son tan descomunales
que pueden ser detectadas desde el espacio por satélites.

El oro de este lugar comprende una quinta parte de la producción
nacional peruana, unas 175 toneladas métricas que han convertido al
país en el quinto productor a nivel mundial. Pero es una labor
sumamente peligrosa, y además ilegal.

"Extraer una onza de oro cuesta 400 a 500 dólares y hay una rentabilidad
de 1.000 dólares por onza de oro", dice el ministro del Ambiente de Perú,
Antonio Brack. En apenas una década, el valor del oro se ha triplicado.

La situación se repite en decenas de países en todos los continentes
-menos en Europa y la Antártida-, donde la tierra es trabajada para
extraerle el oro y donde obreros empobrecidos trabajan para
oportunistas inescrupulosos.

Los intentos de los gobiernos por controlar la situación han resultado
fútiles.

Colombia y Ecuador han realizado operativos antiminería en el último
año -militares ecuatorianos destrozaron con dinamita 67 piezas de
maquinaria pesada el mes pasado-, pero una vez que las autoridades
abandonan la zona, los mineros regresan. En Madre de Dios, la
producción ilegal se realiza sin registro, sin regulación y en tierras
públicas concedidas por funcionarios locales que a veces se enriquecen
en el proceso.

A medida que la actividad crece, maquinaria pesada de marcas como
Caterpillar o Volvo ha llegado a la provincia, cuyas zonas más recónditas
supuestamente albergan a tribus totalmente aisladas del resto de la
humanidad.

En febrero, la armada peruana destrozó con dinamita 13 dragas ilegales
que estaban contaminando el río Madre de Dios asfixiando plantas y
animales. Miles de obreros protestaron y bloquearon la única carretera
de la zona, y por lo menos tres personas murieron baleadas por policías
enviados desde Lima.

En vez de tratar de expulsar a los mineros, el gobierno decidió tratar de
"formalizar" su operación, que ha devastado más de 180 kilómetros
cuadrados (70 millas cuadradas) de selva en Madre de Dios.

"En la práctica no pasó nada. Intervenieron a un pequeño porcentaje de
las dragas de riveras del río, que no son necesariamente las que más que
afectan al medio ambiente", dijo Pavel Cartagena, un activista que
recientemente regresó a la capital de Madre de Dios, Puerto Maldonado,
luego de haber salido por un año debido a amenazas de muerte.

Brack dice que el operativo sirvió como advertencia para los políticos
locales que se estaban beneficiando con esta actividad ilegal.

"En el 2010, el director regional de minería tenía su empresa minera, su
segundo tenía, su mujer tenía, su hermana tenía, la hermana de su
segundo, y todos estaban metidos, ¿tu crees que van a controlar algo?",
dice Brack.
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